Acerca de esta clase
La anatomía humana macroscópica, hace referencia a la morfología de las estructuras corporales que pueden ser examinadas sin un microscopio. Para su enseñanza es posible la organización del contenido por sistemas tales como el osteomuscular, cardiovascular, genitourinario, endocrino, entre otros; por regiones como cabeza, cuello, tórax, abdomen, pelvis y miembros. Para facilitar su estudio se han creado planos, términos direccionales y cavidades corporales.
El aparato locomotor comprende el esqueleto, las articulaciones y los músculos. Los huesos brindan el soporte, las articulaciones unen los huesos y permite el movimiento junto con los músculos. En esta sección revisaremos el sistema esquelético y el sistema articular. Los músculos se detallarán más adelante.
El esqueleto de la cabeza está conformado por dos partes: el cráneo y la cara. El cráneo es una caja ósea que contiene el encéfalo. Se distingue una porción superior o bóveda y una porción inferior plana que se denomina base del cráneo. Por otra parte, la cara es un macizo óseo suspendido de la mitad anterior de la base del cráneo. Limita con el cráneo mediante las cavidades ocupadas por la mayor parte de los órganos de los sentidos.
La columna vertebral o raquis está constituida por piezas óseas superpuestas llamadas vertebras que son aproximadamente 33 a 34. La columna comprende 4 porciones, desde arriba hacia abajo son: cervical, torácica, lumbar y pélvica. Existen: 7 vértebras cervicales, 12 vértebras torácicas o dorsales, 5 vértebras lumbares y 9 (o 10) vértebras pélvicas soldadas entre sí para formar 2 piezas óseas distintas: el sacro y el cóccix.
El esqueleto del miembro superior comprende cuatro segmentos: la cintura escapular (escápula y clavícula), el brazo (húmero), el antebrazo (radio y cúbito) y la mano.
El miembro inferior está formado, del mismo modo que el miembro superior, por cuatro segmentos: a) cintura del miembro inferior o cintura pélvica que une el miembro inferior al tronco; comprende los dos huesos coxales y el hueso sacro; b) muslo (formado por el fémur), c) pierna (formada por el peroné y la tibia), y d) pie.
El sistema muscular humano está compuesto por tres tipos de músculos: estriados esqueléticos (voluntarios), lisos (involuntarios) y cardíacos (involuntarios pero estriados), todos especializados en la contracción para generar movimiento. Su estructura y clasificación varían según la forma, ubicación, función, tipo de inserción y organización externa. Los músculos se conectan al esqueleto o a otros tejidos mediante tendones, que pueden tener diversas formas y modos de inserción, lo que permite acciones específicas. Además, están vascularizados, inervados y rodeados por fascias que les proporcionan soporte y protección. La contracción muscular, coordinada por el sistema nervioso, puede ser isométrica o isotónica, y se organiza mecánicamente en un sistema de palancas que facilita el movimiento. La interacción entre músculos agonistas, antagonistas, fijadores y sinergistas permite una ejecución eficiente de las acciones motoras, destacando el papel fundamental del sistema muscular en la anatomía funcional y el movimiento humano.
Los músculos de la cabeza, la cara y el cuello conforman un sistema altamente especializado que permite funciones vitales como la masticación, la fonación, la deglución, la respiración y la expresión emocional. En la cabeza, se distinguen los músculos masticadores, que movilizan la mandíbula, y los de la expresión facial, que actúan sobre la piel para producir gestos. En el cuello, los músculos tienen un papel estructural y funcional, facilitando el movimiento cefálico, la estabilización del cráneo y la protección de estructuras neurovasculares. Esta región incluye músculos superficiales y profundos, como los escalenos, el esternocleidomastoideo, los infrahioideos y suprahioideos, todos coordinados por una red nerviosa compleja. Además, los triángulos cervicales delimitan zonas anatómicas clave que contienen elementos vasculonerviosos y órganos vitales, lo que resulta fundamental para el abordaje clínico y quirúrgico del cuello.
La musculatura del tronco, organizada en las regiones del tórax anterior, abdomen y espalda, cumple funciones esenciales en la respiración, el movimiento y la estabilidad postural. En el tórax, músculos como el pectoral mayor, intercostales y el diafragma facilitan la ventilación y el movimiento del miembro superior. El abdomen alberga músculos anterolaterales y posteriores que protegen vísceras, permiten la flexión y rotación del tronco, y contribuyen al control postural y la presión intraabdominal. En la espalda, los músculos se organizan en planos superficiales, intermedios y profundos, desde los extrínsecos del dorso (como trapecio y dorsal ancho) hasta los intrínsecos (como el grupo erector de la columna, transversoespinosos y suboccipitales), todos indispensables para el equilibrio, la extensión y la rotación vertebral. Esta red muscular integrada permite una biomecánica eficiente y es fundamental en el diagnóstico y tratamiento de alteraciones musculoesqueléticas.
La musculatura del miembro superior está organizada en distintos grupos funcionales que permiten la movilidad, fuerza y precisión necesarias para las actividades cotidianas y especializadas. En el hombro y la escápula destacan músculos como el deltoides y el manguito rotador, responsables de la movilidad y estabilidad glenohumeral. El brazo se divide en compartimentos anterior y posterior, con músculos como el bíceps braquial (flexión y supinación) y el tríceps braquial (extensión). El antebrazo contiene músculos flexores, extensores, pronadores y supinadores que controlan la muñeca y los dedos. Finalmente, la mano alberga músculos intrínsecos como los de las eminencias tenar e hipotenar, interóseos y lumbricales, que posibilitan movimientos finos, agarre y la manipulación precisa de objetos. Esta organización refleja una integración anatómica que dota al miembro superior de su notable destreza funcional.
La musculatura del miembro inferior está organizada en regiones específicas: glútea, muslo, pierna y pie, cada una con funciones esenciales para la locomoción, el equilibrio y la postura. Los músculos glúteos y pelvitrocantéricos estabilizan y movilizan la cadera; el muslo se divide en compartimentos anterior, medial y posterior, encargados de la extensión, aducción, flexión y rotación de la pierna. En la pierna, los compartimentos anterior, lateral y posterior permiten la dorsiflexión, eversión y flexión plantar del pie, respectivamente. Finalmente, los músculos del pie, tanto extrínsecos como intrínsecos, contribuyen a la movilidad de los dedos, la estabilidad y el mantenimiento de los arcos plantares. Esta arquitectura muscular coordina el movimiento eficiente y la absorción de impactos en la marcha, siendo clave en la biomecánica y en el tratamiento de disfunciones del aparato locomotor.
El corazón es un órgano muscular hueco y vital, ubicado en el mediastino medio, entre los pulmones y detrás del esternón. Está ligeramente inclinado hacia la izquierda y su vértice (ápice) apunta hacia abajo. Está formado por tres capas: el endocardio (capa interna que recubre las cavidades), el miocardio (capa media y contráctil, responsable de los latidos) y el pericardio (capa externa que lo protege y lubrica, compuesto por una hoja parietal y una visceral o epicardio).
Las arterias del corazón, también conocidas como arterias coronarias, son vasos sanguíneos que irrigan directamente el miocardio. Se originan en la base de la aorta ascendente, justo por encima de la válvula aórtica. Las principales son la arteria coronaria izquierda, que se bifurca en la arteria descendente anterior y la circunfleja, y la arteria coronaria derecha. Estas arterias aseguran un suministro continuo de oxígeno y nutrientes al tejido cardíaco, siendo esenciales para el mantenimiento de su función contráctil. Cualquier obstrucción en estas arterias puede conducir a isquemia miocárdica o infarto.
El aparato digestivo constituye un sistema continuo y especializado que se desarrolla a partir del endodermo embrionario. A lo largo de su trayecto, presenta una estructura básica uniforme compuesta por cuatro capas principales 🡪 mucosa, submucosa, muscular y adventicia o serosa. Además, posee plexos nerviosos intrínsecos 🡪 como el plexo de Meissner y el de Auerbach, cuya actividad es modulada por la inervación extrínseca del sistema nervioso autónomo.
El sistema digestivo superior comprende las estructuras responsables del inicio del proceso digestivo, que incluyen la cavidad oral, la faringe, el esófago y el estómago. La cavidad oral contiene estructuras como los dientes, la lengua y las glándulas salivales, que inician la digestión mecánica y química mediante la masticación y la secreción de enzimas como la amilasa salival. La faringe, compartida con el sistema respiratorio, actúa como una vía de paso para el bolo alimenticio hacia el esófago, evitando el paso hacia la vía aérea gracias al cierre de la epiglotis.
El sistema digestivo infradiafragmático comprende todos los órganos situados por debajo del diafragma que participan en la digestión, absorción de nutrientes y eliminación de desechos. Estos órganos forman un tubo digestivo continuo que se extiende desde el estómago hasta el ano, e incluyen además una serie de glándulas accesorias esenciales para el proceso digestivo. Desde el punto de vista anatómico, este sistema se divide en varias porciones: estómago, intestino delgado (duodeno, yeyuno e íleon), intestino grueso (ciego, colon, recto) y ano. A estos se suman órganos anexos como el hígado, vesícula biliar y páncreas, los cuales vierten secreciones importantes para la digestión a través de conductos específicos
El sistema nervioso regula las actividades corporales respondiendo con rapidez mediante impulsos nerviosos; además regula las percepciones, conductas y recuerdos, e inicia todos los movimientos voluntarios. El sistema nervioso pesa alrededor de 2 kg y representa el 3% del peso corporal total, el sistema nervioso es uno de los más pequeños y, sin embargo, más complejos de los once sistemas y aparatos del cuerpo. Esta red intrincada de miles de millones de neuronas (incluso la neuroglia) está organizada en dos subdivisiones principales: el sistema nervioso central y el sistema nervioso periférico.
La médula espinal y los nervios espinales asociados tienen circuitos neuronales que median algunas de nuestras reacciones más rápidas a los cambios ambientales. Si tomamos un objeto caliente, los músculos encargados de sujetarlo pueden relajarse y dejarlo caer, incluso antes de tener conciencia del dolor o de la temperatura extrema.
El encéfalo presenta cuatro porciones principales: el tronco encefálico, el cerebelo, el diencéfalo y el cerebro. El tronco encefálico se continúa con la médula espinal y está constituido por el bulbo raquídeo, la protuberancia y el mesencéfalo. Por detrás del tronco encefálico se halla el cerebelo y por encima, el diencéfalo, formado por el tálamo, el hipotálamo y el epitálamo. Apoyado sobre el diencéfalo y el tronco encefálico, se encuentra el cerebro.
El latido del corazón se origina gracias a la actividad eléctrica generada por un sistema especializado de conducción que distribuye esta señal a todo el músculo cardíaco. Este sistema está compuesto por el nodo sinoauricular (nodo SA), las vías internodales auriculares, el nodo auriculoventricular (nodo AV), el haz de His con sus ramas, y el sistema de fibras de Purkinje. Aunque diferentes partes de este sistema, e incluso algunas áreas del miocardio en condiciones anómalas, pueden generar impulsos eléctricos de manera espontánea, normalmente es el nodo SA el que se activa primero y con mayor rapidez; es por esta razón que el nodo SA es considerado el marcapasos natural del corazón y la frecuencia de sus descargas regula la velocidad de los latidos. Los impulsos originados en el nodo SA viajan por las vías auriculares hasta el nodo AV, de ahí al haz de His, y posteriormente se distribuyen por sus ramas y las fibras de Purkinje hasta alcanzar el músculo de los ventrículos.
El corazón es el órgano principal del sistema circulatorio y su función es recibir la sangre y bombearla hacia los diferentes órganos y tejidos del cuerpo. Normalmente, recibe sangre sin oxígeno desde las venas cavas superior e inferior, así como del seno coronario, que recoge la sangre venosa del propio corazón. Esta sangre entra en la aurícula derecha, pasa por la válvula tricúspide hacia el ventrículo derecho, y luego es expulsada a través de la válvula pulmonar hacia la arteria pulmonar. Después de oxigenarse en los pulmones, la sangre retorna al corazón por medio de las cuatro venas pulmonares, llegando a la aurícula izquierda. Desde ahí, atraviesa la válvula mitral para llegar al ventrículo izquierdo, que finalmente impulsa la sangre a la circulación sistémica a través de la válvula aórtica. El ciclo cardíaco es la secuencia de acontecimientos eléctricos, mecánicos, volumétricos, sonoros y de flujo que se repiten por cada latido cardiaco.
El corazón, al ser un músculo especializado, genera impulsos eléctricos de forma rítmica para poder contraerse. Estos impulsos se originan en el sistema de conducción y se extienden a las aurículas y ventrículos. Cuando el impulso eléctrico del corazón se transmite a través del tejido cardíaco, parte de esa corriente también se extiende hacia los tejidos que lo rodean y una fracción menor llega hasta la superficie del cuerpo. Al colocar electrodos sobre la piel, en puntos opuestos alrededor del corazón, es posible captar y registrar esos cambios eléctricos en forma de ondas. A este registro se lo denomina electrocardiograma (ECG).
El sistema renal desempeña funciones esenciales para la homeostasis, como la regulación del volumen y composición de los líquidos corporales, el equilibrio ácido-base y la eliminación de productos de desecho metabólicos. Anatómicamente, los riñones se sitúan en el espacio retroperitoneal y presentan una organización interna en corteza y médula, donde se localizan las nefronas, unidades funcionales que permiten la filtración, reabsorción y excreción. Existen nefronas corticales y yuxtamedulares, estas últimas con asas de Henle largas que contribuyen a la concentración de la orina. La barrera de filtración glomerular impide el paso de proteínas y células al filtrado. El aparato yuxtaglomerular, compuesto por la mácula densa, células granulares y mesangiales extraglomerulares, regula la presión arterial mediante la activación del sistema renina-angiotensina-aldosterona, ajustando el volumen plasmático y la resistencia vascular periférica.
La fisiología renal describe cómo los riñones reciben un alto flujo sanguíneo para filtrar el plasma, con una tasa de filtración glomerular de aproximadamente 125 ml/min, permitiendo la formación de 180 litros de filtrado al día, de los cuales solo 1-1,5 litros se excretan como orina. La filtración depende del balance entre presiones hidrostáticas y oncóticas en el glomérulo, mientras que mecanismos de autorregulación, como el miogénico y la retroalimentación tubuloglomerular, mantienen constante la función renal frente a cambios de presión arterial. A lo largo de la nefrona, la reabsorción y secreción de agua, iones y nutrientes se regulan mediante transportes activos y pasivos, con funciones específicas en cada segmento tubular, desde el túbulo proximal hasta el colector. La concentración y dilución de la orina dependen del gradiente osmótico medular, la acción de la ADH, la aldosterona y los péptidos natriuréticos. El equilibrio ácido-base se mantiene mediante la reabsorción de bicarbonato y la secreción de protones con ayuda de sistemas amortiguadores como el bicarbonato, fosfato y amonio. El sistema renina-angiotensina-aldosterona regula el volumen extracelular y la presión arterial, mientras que conceptos como el clearance renal y marcadores como creatinina, inulina y urea permiten evaluar la función renal.
Los primeros auxilios representan la base de toda intervención médica urgente y constituyen un conjunto de medidas inmediatas, temporales y fundamentales que se brindan a personas que han sufrido accidentes o eventos súbitos de salud. El objetivo esencial de estas intervenciones es preservar la vida, reducir el sufrimiento, evitar el agravamiento del estado clínico y preparar adecuadamente al paciente para su traslado hacia una unidad de atención especializada.
En el torbellino de una emergencia o un desastre, más allá de las heridas físicas, se abren profundas grietas en el bienestar emocional de las personas afectadas. Es en este delicado instante donde los primeros auxilios psicológicos (PAP) emergen como una intervención crucial e inmediata. Su propósito primordial trasciende la mera contención; buscan activamente fomentar la seguridad de los individuos, mitigar los embates del estrés agudo, brindar estabilidad emocional y establecer puentes hacia redes de apoyo y recursos indispensables para su recuperación.
El transporte y manejo básico de pacientes constituye una de las competencias fundamentales en la formación de los profesionales de salud, especialmente en escenarios de urgencias, emergencias o situaciones prehospitalarias. Esta práctica no solo implica la movilización física de un paciente desde un punto a otro, sino que también exige el conocimiento profundo de principios técnicos, protocolos de seguridad, evaluaciones clínicas, trabajo en equipo y un trato humano y empático. Una movilización mal ejecutada puede causar daños adicionales, empeorar el pronóstico del paciente o incluso provocar consecuencias irreversibles como lesiones medulares.
El transporte de pacientes críticos representa una de las áreas más complejas de la atención médica. Se define como el traslado de un paciente cuya condición vital depende de soporte avanzado y monitoreo constante. Este tipo de transporte no solo implica mover físicamente al paciente, sino mantener el nivel de atención de una unidad de cuidados intensivos (UCI) mientras está en tránsito.
En el ámbito de la atención prehospitalaria y las emergencias, las telecomunicaciones representan un componente esencial para garantizar una respuesta efectiva, rápida y segura. La comunicación entre unidades operativas, centros de control y hospitales permite coordinar recursos, priorizar la atención y tomar decisiones en tiempo real. El uso correcto de radios, códigos técnicos y protocolos estandarizados evita malentendidos y errores que podrían comprometer la vida de los pacientes o la seguridad del personal. En este contexto, los códigos QR, el código de colores para emergencias, y el alfabeto fonético internacional permiten una comunicación clara, universal y profesional. Este trabajo ofrece una guía práctica y conceptual sobre el uso de telecomunicaciones en emergencias, con énfasis en su aplicación operativa.
El Soporte Vital Básico (SVB) constituye el conjunto de maniobras y procedimientos esenciales destinados a mantener la vida de una persona que ha sufrido un paro cardiorrespiratorio hasta que pueda recibir atención médica avanzada. Su importancia radica en que, al ser aplicado de manera oportuna y correcta, puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte, o entre una recuperación completa y un daño cerebral irreversible. Aprender y aplicar el SVB no es exclusivo de profesionales sanitarios con experiencia; de hecho, su enseñanza está dirigida a todo el personal de salud y también a la población en general, debido a su gran valor en situaciones de emergencia.
La histología es la ciencia que analiza la estructura microscópica de los tejidos y su relación con las funciones que cumplen en el organismo, integrando conocimientos con ciencias como la anatomía, fisiología, patología y embriología para ofrecer una visión completa de la organización biológica. Comprende el estudio de los niveles de organización, desde la célula como unidad estructural y funcional básica, hasta los tejidos, órganos y sistemas, describiendo en detalle la morfología y funciones de las organelas celulares, así como su interdependencia para mantener la homeostasis. Incluye el análisis de los diferentes mecanismos de transporte celular y de los procesos de división celular por mitosis y meiosis, destacando las fases y particularidades de cada uno. También aborda las técnicas fundamentales para la observación histológica, como la microscopía óptica y sus componentes, las tinciones más empleadas y el procesamiento de tejidos para su análisis. Además, profundiza en conceptos clave como la polaridad celular, las uniones intercelulares, la composición y funciones de la matriz extracelular y las características de las células especializadas, resaltando cómo todos estos elementos interactúan para garantizar la organización, la comunicación y el funcionamiento coordinado de los tejidos en el organismo.
Los tejidos están constituidos por células y matriz extracelular que actúan coordinadamente para cumplir funciones específicas en el organismo. La membrana basal cumple un papel esencial como soporte, anclaje y filtro selectivo, manteniendo la relación con el tejido conectivo que aporta nutrientes y favorece la reparación. Los epitelios de revestimiento se clasifican de acuerdo con la forma y disposición de sus células: simples, estratificados, pseudoestratificados y el urotelio, cada uno adaptado a funciones como protección, absorción, secreción o distensión. Los cuatro tejidos básicos del cuerpo son el epitelial, el conectivo, el muscular y el nervioso, cada uno con subtipos y funciones que van desde el recubrimiento y sostén, hasta la contracción y la transmisión de información. Esta organización se complementa con células especializadas y con la integración de los tejidos en órganos como la piel, el estómago y el corazón, donde su cooperación asegura el mantenimiento de la homeostasis y el correcto funcionamiento del organismo.
El tejido epitelial constituye una de las bases fundamentales de la organización del organismo, caracterizado por láminas celulares cohesionadas que descansan sobre una membrana basal y muestran polaridad funcional. Se diferencia de otros tejidos por la escasez de matriz extracelular y su especialización en funciones como protección, absorción, secreción, intercambio y sensibilidad. Según su estructura, se clasifica en epitelios simples, estratificados, pseudoestratificados y de transición, con variantes adaptadas a localizaciones específicas como los alveolos, túbulos renales, mucosa intestinal, epidermis o vías respiratorias. Además, origina glándulas exocrinas, endocrinas y mixtas, que producen secreciones locales o sistémicas esenciales para la homeostasis. Su relevancia clínica es notable, pues es el origen de la mayoría de carcinomas y participa en procesos inflamatorios y de reparación, apoyado por células madre epiteliales con ciclos de recambio variables según el tejido. En conjunto, representa un sistema dinámico que integra estructura y función para sostener la vida y responder frente a la agresión y el desgaste continuo.
El tejido conectivo, también conocido como tejido de sostén, cumple la función de actuar como el "esqueleto" que brinda soporte a los órganos y demás tejidos del cuerpo ya que forma una red continua entre los vasos sanguíneos y los epitelios y participa en todos los procesos de intercambio de sustancias. Se pueden distinguir dos tipos de este tejido: el tejido conjuntivo propiamente dicho y el tejido conjuntivo especializado (adiposo, cartilaginoso, óseo y sanguíneo). Además, este tejido se caracteriza por contener en sí células y matriz extracelular compuesta por fibras introducidas en una sustancia fundamental que contiene líquido tisular. Por otro lado, el tejido muscular es el encargado del movimiento del cuerpo y sus cambios en tamaño y forma de los órganos internos, está formado por células altamente especializadas denominadas fibras musculares, las cuales se contraen frente a un estímulo apropiado. Se distinguen dos tipos de este tejido: el tejido muscular esquelético y el tejido muscular liso. A su vez, el tejido muscular esquelético se subclasifica en función del aspecto de las células contráctiles en: músculo esquelético y músculo cardíaco.
La parasitología es la rama de la biología que se encarga del estudio de los parásitos, organismos que dependen de otros seres vivos, denominados huéspedes, para sobrevivir y completar su ciclo biológico. Los parásitos pueden clasificarse como endoparásitos, ectoparásitos, obligados, o facultativos. Los principales grupos de parásitos que afectan al ser humano son los protozoos, helmintos y artrópodos. Mientras que los protozoos presentan ciclos de vida relativamente simples y pueden reproducirse dentro del huésped, los helmintos suelen tener ciclos más complejos que incluyen huéspedes intermediarios o vectores. Los parásitos ocasionan daño al huésped a través de diversos mecanismos, como la obstrucción física, lesiones tisulares, producción de toxinas, activación de respuestas inmunológicas nocivas y el aprovechamiento directo de recursos vitales del organismo. Entre los ectoparásitos más comunes se encuentran los piojos, ácaros y garrapatas, mientras que entre los endoparásitos destacan protozoos y helmintos. Las infecciones parasitarias pueden ser asintomáticas o desencadenar enfermedades graves que requieren un diagnóstico oportuno y tratamientos específicos para prevenir complicaciones.
Un virus es un parásito intracelular compuesto de DNA o RNA y de un recubrimiento proteico; en algunos casos, cuentan con una envoltura externa de lipoproteínas. Los virus que infectan a los humanos se denominan virus humanos, pero se consideran junto con la clase general de virus animales; los virus que infectan a las bacterias se llaman bacteriófagos y los virus que infectan a las plantas se califican como virus vegetales.
Los hongos constituyen un grupo variado de organismos eucariotas saprófitos (obtienen el alimento a partir de materia orgánica muerta) y parásitos. Casi todos los organismos son susceptibles de padecer una infección por hongos. Se calcula que existen aproximadamente 100.000 especies fúngicas y sólo 100 son potencialmente patógenas para los seres humanos, y de éstas, únicamente unas pocas son responsables de las infecciones fúngicas de mayor importancia clínica. Las enfermedades fúngicas humanas (micosis) se clasifican según el lugar del cuerpo humano en el que suceden. Los hongos elaboran y secretan diversos productos metabólicos poco corrientes, algunos de los cuales, al ser ingeridos, resultan de gran toxicidad para los animales, incluidos los seres humanos, si se ingieren.
La fecundación es el proceso mediante el cual un espermatozoide se une al ovocito secundario en la ampolla de la trompa uterina, dando origen a una nueva célula denominada cigoto. Este evento marca el inicio del desarrollo embrionario que ocurre dentro de las 24 horas posteriores a la ovulación.
La organogénesis es el proceso mediante el cual las tres capas germinativas del embrión (ectodermo, mesodermo y endodermo) se convierten en los distintos órganos internos del cuerpo. Esto ocurre gracias a la diferenciación celular, un proceso en el que las células, que al inicio son iguales y poco especializadas, adquieren funciones específicas. Este cambio se debe a que cada célula comienza a activar genes que definen en qué tipo de célula se convertirá. El ectodermo origina la piel, el sistema nervioso, órganos sensoriales y glándulas. La placa neural, parte del ectodermo, forma el tubo neural que dará lugar al cerebro y la médula espinal.
Durante el desarrollo embrionario humano, las primeras ocho semanas se conocen como el periodo embrionario, donde se forman los órganos principales. En la primera semana, tras la fecundación, el cigoto se divide formando la mórula y luego el blastocisto, que se implanta parcialmente en el endometrio. En la segunda semana, el embrión se convierte en un disco bilaminar (epiblasto e hipoblasto) y se desarrollan estructuras como el amnios y el saco vitelino primario. En la tercera semana ocurre la gastrulación, formándose el disco trilaminar con las tres capas germinales (ectodermo, mesodermo y endodermo), y comienza la formación del tubo neural. En la cuarta semana, se cierra el tubo neural, aparecen los somitas, se forman los arcos faríngeos y se inicia el plegamiento del embrión. En la quinta semana, surgen las yemas de las extremidades y se desarrollan estructuras del sistema nervioso y cardiovascular. Durante la sexta semana, se desarrolla el encéfalo, el oído interno y brotes pulmonares; también se empieza a formar el intestino. En la séptima semana, se delinean los dedos y continúa el desarrollo de los sentidos. Finalmente, en la octava semana, el embrión adquiere rasgos humanos definidos y se completan las estructuras básicas de los sistemas principales. A partir de allí comienza el periodo fetal, caracterizado por el crecimiento y maduración de órganos